Hoy me gustaría reflexionar sobre la pérdida y en particular sobre el miedo a perder un ser querido.

Estos días, en los que vivimos confinados en nuestras casas las emociones se exacerban de forma muy especial. Muchos están viviendo en primera persona la pérdida de un familiar y los que no, están teniendo amigos, vecinos, clientes que estos días sí los han perdido. Si un cambio vital así ya es difícil, en estos momentos lo es además por las circunstancias que le acompañan. ¿Qué le podemos decir a alguien que no ha podido despedirse de su abuelo, padre, madre, que ha marchado de su lado? ¿Y si somos nosotros los que estamos pasando este trance?

Cada vez con más frecuencia oigo que mis amigos, mis clientes, o los vecinos, ya se han encontrado en esta situación y cruzo los dedos para que no me pase a mí.

Tengo miedo, miedo de no llegar a tiempo, de dar suficientes abrazos, de no haber sido suficientemente buena con y para ellos. De no poder decir todo lo que siempre me gustaría decir y para lo que nunca encuentro el momento, o sencillamente me provoca un rubor hacerlo.

Recuerdo, una vez un amigo me contó que yendo en coche por autopista, tuvo un gran susto. En aquel momento se dio cuenta, de verdad, de la fragilidad de la vida y del nulo control sobre su fin que tenemos. Esto en un mundo donde lo planificamos y controlamos todo, es toda una revelación, en él tuvo un impacto transformador. También me contó, que lo que peor le supo en aquel momento crítico, era el no haber hablado. No haber dicho a aquella otra persona todo lo que él deseaba. Parece ser, que el dolor que sintió en aquel momento, al creer que ya no tendría más oportunidad de mostrarle su amor y perdón – le dio más miedo que perder la propia vida.

Decía, que tan pronto pudo recuperarse del susto, paró en el arcén. E hizo aquella llamada pendiente y que en aquel momento decidió, que nunca más iba a acabar el día sin hacer las paces, sobre todo consigo mismo.

Estos pueden ser tiempos difíciles para todos nosotros y más aun para los que ya han perdido un ser querido. Imagino que para ellos es cómo vivir en una pesadilla.  Que se volverá aún más cruel, cuando salgamos por fin de nuestras casas y puedan confirmar fehacientemente, que su ser querido, de verdad no estará nunca más a su lado. Que no habrá mas abrazos, mas conversaciones, peleas, o simplemente tranquilidad de consciencia de que «están controlados y atendidos» y que mientras estén así habremos cumplido.

Quien más quien menos, una vez acabe este período, tendrá por delante un camino complicado y doloroso de transitar.

Mirar a los ojos el miedo a perder un ser querido. Es un paso cruel en las lecciones de la vida, pero habrá que hacer que sea posible. Habrá que aprender y crecer, habrá que cambiar. Por ellos y sobre todo por nosotros. Mientras tanto, nos queda respirar hondo muy hondo y apreciar, aún con más fuerza, las diferentes dimensiones y amores en la vida.

¿Estas acompañando a alguien en una pérdida? Lee esté artículo y quizás estos consejos te podrán ayudar y hacerlo un poco más fácil y mejor.

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