¿Conoces la figura del niño interior?

Es importante conocer la figura de tu niño interior porque influye directamente en tu autoestima, repercute en tus relaciones personales y profesionales y le da forma a cómo te percibes y comportas como adulto.  Además, lo hace sin que seas consciente de ello, ni puedas intervenir. Cuando tu niño interior considera que ha llegado el momento de defenderse, actúa de forma automática.

No cabe duda, que la infancia es una etapa crucial en la vida del ser humano.

Es en esta edad cuando se forjan la mayoría de las creencias y valores y aparecen los posteriores “filtros en las gafas», que luego llevas puestas y que hacen que actúes en tu vida adulta de una manera determinada. Cada un de estos «filtros» es el resultado de la relación con tu entorno: los padres, cuidadores, todas las personas importantes de tu infancia. Son las que han contribuido, sin saberlo, a moldear tu niño interior.

En realidad, la figura del niño interior es la suma de estos «filtros», experiencias, emociones y vivencias de la infancia, que por alguna razón te han dejado una marca, una especie de impronta en el subconsciente, que determina cómo te sientes, cómo percibes el mundo o qué echas de menos.

Este concepto también tiene su dualidad.

Dentro de ti habita un niño lleno de alegría, confianza en sí mismo y experiencias que suman y también aquel cuyas experiencias le han originado dolor o tristeza y vive herido. Siguiendo la terminología aplicada por Julia Tomuschat, podríamos llamarlos: niño luz y niño sombra. Así el niño sombra, es el responsable de la mayoría de tus problemas, representa tu vulnerabilidad, fragilidad, tus miedos… y hará los imposibles para que no le hieran – para que no te hieran.

Esto no sería tan malo si no fuera porque lo hace poniendo en marcha estrategias de protección aprendidas en la infancia. O lo que es lo mismo formas de actuar OBSOLETAS. Por ejemplo, cuando tienes una reacción airada o desmesurada acabas sintiendo incomodidad y es porque has cedido el control, al mocoso que hay en ti. Reaccionaste de una forma poco madura y posiblemente diferente a como te gustaría.

Tu niño interior puede convertirte en una persona insegura, que no se gusta a sí misma, con relaciones personales problemáticas. En un perfeccionista obsesivo, que quizá trata a los demás con altivez. O en una personas que busca paz y tranquilidad a toda costa, con tal de evitar enfrentamientos y sentir dolor.

Es importante pensar en los resultados que obtienes.

Actuando en base a estos aprendizajes de la infancia, no suelen están a la altura de las expectativas de un adulto. De allí la importancia y necesidad, de desarrollar una relación consciente con tu niño interior. De actualizar tus recursos. Así que siempre es buena idea empezar a crear una buena relación con tu niño interior . Lo que en primer lugar significa conocerlo, aceptarlo y sanar sus heridas.

¿No sabes como hacerlo? Empieza por reconocer, que tú también tienes un niño interior dentro y acércate a él. Hazle saber que eres aquel adulto que él necesita para sentirse seguro y a salvo, conviértete en su amigo y podrás dejar atrás aquellos patrones, que te llevan a las situaciones de insatisfacción. Dale una nueva oportunidad, date una nueva oportunidad.

Porque…como decía Milton Erickson:

“NUNCA ES TARDE PARA TENER UNA BUENA INFANCIA

 

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