Quizá la respuesta a esta pregunta te parece obvia, sin embargo reflexionemos un poco.

¿Ayudar, no debería ser algo altruista?  Al fin y al cabo, echar una mano a alguien se supone un gesto gratuito, por el cual no esperamos recibir recompensa, ¿o si? De modo que, ¿por qué ayudamos?

Supongo que ya sabes que detrás de cada acción que emprendemos hay un objetivo, un beneficio propio. 🤷🏻‍♀️

Y los hay de diferentes tipos:

1. ¿Por qué ayudamos? Beneficio MORAL:  Así, por ejemplo: Si dono dinero a una ONG, ayudo al que ha pinchado una rueda en la carretera, o me ocupo del niño que se ha perdido en la playa, me siento bien porque soy una buena persona. He hecho una buena acción, soy generoso. Mi moral y mis valores se ven reconfortados.

2. ¿Por qué ayudamos? Beneficio SOCIAL: Si además se sabe qué ayudo, ya me ocuparé yo de que se sepa al colgar en mis redes sociales o comentar con mis conocidos,  que he donado el dinero a la ONG, que he ayudado a unos en la carretera, o que me he pasado la mañana caminando por la playa búscanos a los padres del niño, proyectaré la imagen de una persona comprometida, solidaria, una buena persona. ¡Ya no te digo si me palmean al hombro en reconocimiento o si consigo que en mis redes interactúen y comenten mi buen gesto! Mi ego y mi sentimiento de valía crecerán exponencialmente, como corresponde al baluarte del samaritanismo. Al fin y al cabo toda persona generosa, debería ser reconocida… ¿NO?

3. ¿Por qué ayudamos? Beneficio, el que yo llamo USURERO. Aquel de: «Yo te ayudo, pero»… a cambio, además de devolverme el favor,  tú me harás un montón de favores. Esta es posiblemente “la ayuda” más cabrona, porque además busca la empatía más rastrera. Habitualmente contiene la frase:  “Yo te ayudé…” y sin darte cuenta,  la ayuda que te han prestado se ha convertido en deuda. El problema es que cuando se contrae una deuda, los esfuerzos se enfocan a saldarla, cuando alguien presta su ayuda, simplemente se le das las gracias..

4. Pero aún hay una vuelta más y esta es especialmente traicionera: Es cuando la deuda y sin que el otro se dé cuenta, se convierte en deuda más “gratitud eterna” por haberle ayudado. Así es cuando la deuda pasa a ser un contrato de esclavitud emocional: “Recuerda que yo hago por ti otras cosas”… y es cuando el pobre diablo, que se dejó ayudar piensa: ¡MALDITA LA HORA QUE ACEPTÉ TU AYUDA!, porque se da cuenta de que ha vendido su alma al diablo. Lo han convertido en un esclavo.

Y no pocas relaciones, inclusive de pareja, se desarrollan así.

En fin, lo interesante es saber que cuanto más conscientes somos de qué es lo que de verdad motiva nuestros actos, más dueños de nosotros mismos somos. Podemos ser una «buena persona», o «el demonio»… Ya estemos en un lado o el otro, todo está bien si nuestra elección es consciente.

Este, como siempre, es un juego de emociones y sentimientos. Así, que hagamos lo que hagamos, pensemos ¿realmente PARA QUÉ quiero yo hacer esto? ¿QUÉ BENEFICIO OBTENGO PARA MÍ? 🤔

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