Esta es una de tantas historias de la vida, cotidiana hasta mas no poder.
Tú no conoces a Mo, aunque estoy segura de que en tu entorno encontrarás alguna. Mo pertenece a este grupo de mujeres que a lo dan todo por su familia, su pareja e hijos pasan siempre por delante. A lo largo de los años ha construido para ellos un verdadero hogar y lo hizo mientras iba tenido diferentes trabajos. Aunque ninguno que implicase demasiada responsabilidad o compromiso, para no restar el tiempo a los suyos, decía.
Estuvo detrás cuando su marido escalaba posiciones en su carrera profesional. Cuando en los ojos de su hijo aparecía el miedo al matón del cole, para arroparlo por las noches y también para recomponer los trocitos del corazón partido cuando tocaba atravesar aquella época de la vida. Estuvo allí para mejorar cualquier día con un bizcocho casero, para comprar aquellos pantalones de moda o aquel aparato electrónico de última generación, sin el cual la vida de un adolescente prácticamente carecía de todo sentido.
Sí, los dos hombres de su vida siempre pasaban por delante, su entrega a la familia era total y definitivamente dejo de preocuparse por ella y reconocerse más allá de estos roles. Pero parece que era su propia elección, así que bien por ella.
Con el tiempo, empezaron los días en los que podías oír como Mo se quejaba. Hablaba de lo desagradecidos que eran, que no contaban con ella para nada, no respetaban su opinión y que en casa todo se convertía en una batalla, en la ella solía perder. Las quejas de las primeras veces tenían como protagonista al marido, luego también incluyeron al hijo.
Al final, siempre decía que el único final posible era la separación. Historias de la vida, no hace falta que te diga que este momento nunca llegó.
Ahora Mo lleva unos años enferma, un linfoma no se lo esta poniendo nada fácil y hoy su vida esta llena de limitaciones. Pasa días enteros en la cama. Se ha convertido en un auténtico peso pluma, es como un pajarito hecho solo de huesitos y piel. Le cuesta respirar y se cansa con dar solo 2 pasos. A pesar de ello es una mujer enamorada de la vida, de su jardín de flores y su huerta ecológica. La verdad, creo que esto es lo que la mantiene entre nosotros y la convierte en la más veterana en la sala de tratamientos.
Aun así Mo nunca se olvida de los suyos. Ingresada en el hospital les llama para preguntar cómo están y les recuerda que tienen la comida preparada y congelada, para todos los días que estará fuera.
Sin embargo ella, no se siente correspondida en esta preocupación, echa de menos estar rodeada de amor, cuidados y cariño de las dos personas más importantes en su vida y esto la sumerge un estado de profundo dolor emocional. Convencida que no le están devolviendo lo que ella les ha dado durante tanto tiempo. En otras palabras, está dolida porque no le están pagando por su amor y dedicación con la misma moneda. Mo olvida, que con las relaciones pasa como con la moneda, con los años se devalúa.
No digo que no seamos generosos con nuestros familiares y amigos. Mo, lo ha sido y mucho con los suyos, hasta el punto que se olvido de ella. De aprender más sobre ella misma. Lo que digo es que cuando esto pasa, cuando no damos el paso para crecer como personas, dejamos la responsabilidad de nuestro bienestar en manos de terceros.
Empece escribiendo este texto desde la pena que siento por Mo, por su apego y dependencia emocional de terceros. Pero también entiendo que para ella, cambiar ahora puede resultar aún mas intimidante que vivir con el dolor.
Suficiente tiene con lo que la vida le ha traído ya. Historias de la vida, ya te lo dije.